Luego dela primer vuelta electoral en Brasil, con Federico Heinz escribimos este artículo en Punto a Punto -que fuere publicado la pasada semana- respondiendo al de Fernando Genesir.


Agradecemos a Fernando Arocena, Director Periodístico de la revista, por la oportunidad de otorgar la réplica.

Añadido:

Texto de nota de Fernando Genesir y Texto de respuesta de Federico Heinz y quién suscribe.

Voto Electrónico: Sí va a andar.

Es más fácil votar que mandar un mensaje de texto. Esa simpleza tiene el sistema de voto electrónico en Brasil. Pero además es cómodo, práctico, rápido, eficiente y, por lo tanto, no falla. Y no falla porque tiene la fortaleza de un sistema informático que ya no se discute en ninguna parte del mundo.

Excepto en la Argentina, donde nunca faltan los abanderados del “no va a andar”. Tan simple es la urna electrónica que es la  reproducción en grande de un teclado telefónico.

Cada candidato tiene un número, el ciudadano entra al cuarto oscuro, se para frente a la urna, marca el número de su candidato y digita una tecla verde para confirmar su voto.

La gente demora 30 segundos en votar. Eso es todo. Nadie tiene problemas. Nadie discute nada. Nadie desconfía de la computadora. ¿Por qué no aplicar en Argentina el voto electrónico? ¿Será porque nuestros políticos nos consideran tan tontos al punto de no saber marcar el número del candidato en una urna? ¿Será porque somos tan incultos que nuestra educación sólo nos alcanza para meter boletas en un sobre de papel o para marcar cruces en una lista sábana?

¿Somos así o nos tratan así? En Brasil (no en Suiza ni en Estados Unidos), ni la gente ni los políticos pueden creer que en Argentina todavía se vote con papel, se sume en el pizarrón y se cuente hasta las once de la noche. De hecho, nos miraban como bichos raros, como extraterrestres que íbamos a ver el funcionamiento de la nave espacial que empezaba los viajes tripulados a Saturno.

Sin embargo, en la vida diaria, somos iguales a ellos: salvo votar electrónicamente, manejamos computadoras, operamos cajeros automáticos y mandamos mensajes de texto.

Fernando Genesir
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Los Espejitos de Colores del Voto Electrónico

“Más comodidad, rapidez, practicidad, eficiencia” parecen ser las demandas de nuestra sociedad para con los procesos electorales en los tiempos que corren. Desde luego, la incorporación de tecnología informática a los comicios suena como una respuesta a dichas expectativas ciudadanas, y lo es. Hasta cierto punto.

El exceso de entusiasmo puede llevarnos a sacar conclusiones apresuradas, como hizo Fernando Genesir en un artículo para Punto a Punto hace algunos días: partiendo de la descripción del sistema brasileño como “*cómodo, práctico, rápido, eficiente” llega, inexplicablemente, a la conclusión de que “por lo tanto, no falla”.

El periodista cordobés afirma haber “comprobado” en Brasil que las Urnas Electrónicas no tienen fisuras: que en Brasil “nadie tiene problemas. Nadie discute nada. Nadie desconfía de la computadora” y compara, ingenuamente, el acto de votar con el de enviar un SMS u operar un cajero automático.

Mientras que los SMS apenas alcanzan los requisitos de seguridad necesarios para elegir al ganador de “Bailando por un Sueño“, la confianza que depositamos en los cajeros automáticos en realidad está basada en exhaustivas auditorías de cada operación, en las que el elemento confiable no es el registro electrónico del cajero sino el registro en papel y el contenido de los sobres. Esa es la razón por la que los tickets entregados por el cajero siempre contienen la sigla “S.E.U.O.” (Salvo Error U Omisión), llamando la atención sobre el hecho de que ese ticket no tiene validez hasta que un ser humano verifique el detalle de la operación.

Una urna electrónica sería aceptable si pudiéramos someter su operación a una auditoría ex-post similar a la de los cajeros automáticos. El problema es que para que tal auditoría sea posible, es necesario auditar voto por voto, para lo que la urna debe registrar información de cada voto individual… información que no podemos permitir que la urna registre, porque también puede usarse para rastrear lo sucedido durante y después del proceso, identificando quién votó por quién y violando el secreto del sufragio que nuestra Constitución garantiza.

Más inexplicable es la afirmación de Genesir de que el sistema “no se discute en ninguna parte del mundo”, en tiempos en que países como Alemania, Holanda, Bélgica, Irlanda, y… sí, también Estados Unidos, dan marcha atrás en el uso de urnas electrónicas.

Vale la pena detenernos en el caso de Alemania, país cuyas experiencias con Urnas Electrónicas no poseen signos claros de fraude, pero en el que la Corte Constitucional ha considerado que “los pasos esenciales de la gestión electoral y de la determinación del resultado deben ser pasibles de ser comprobados por el ciudadano de manera confiable y sin conocimientos técnicos especiales”.

Las cajas negras son notoriamente malas para aumentar la transparencia y confiabilidad de los procesos.

En medio de la tormenta de optimismo alrededor de las urnas electrónicas, creemos que sería sabio prestar atención al consenso técnico y científico que en el mundo existe sobre la materia, y evitar que nos encandilen lon espejitos de colores, sean del proveedor que fueren: las urnas brasileñas pueden ser fáciles de usar, pero eso dista mucho de asegurar que sean confiables.

Andrés Piazza

Abogado Especialista en Derecho de Internet.

Federico Heinz

Presidente de Fundación Via Libre y Autor del libro “Voto Electrónico, los riesgos de una ilusión”.

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